ALERTA EN CARNICERÍAS CHAQUEÑAS POR SUBA DE COSTOS, MENOS VENTAS Y CAMBIO DE HÁBITOS
El comerciante Julio Augusto, aseguró en el programa "Sensación Térmica" que la carne vacuna subió entre 25% y 30% desde diciembre de 2025 y podría seguir ajustándose por falta de hacienda. Caen las ventas y crece la compra "del día". Pollo y cerdo ganan terreno por precio.
En una recorrida por la carnicería La Esperanza, de Resistencia, Julio Augusto vicepresidente de la Cámara de Frigoríficos del Chaco trazó un mapa crudo del momento que vive el rubro: precios que suben, ventas que caen y consumidores que ajustan cada peso. El testimonio deja una foto clara para el lector chaqueño: el consumo no desaparece, pero se achica.
Precios en alza y menor poder de compra
Según Augusto, entre diciembre de 2025 y la actualidad los cortes bovinos treparon, en promedio, entre 25% y 30%. El motivo principal, asegura, es la falta de hacienda: menos stock disponible por mayor demanda externa y compras desde otras provincias. Esa tensión se traslada a las góndolas. "Cuando no hay animales en pie, el precio sube", resume. En paralelo, el bolsillo del consumidor perdió aire y las compras se achicaron.
El nuevo hábito: comprar lo justo para hoy

"Para el día", es la modalidad que se impone en las carnicerías chaqueñas.
La postal cotidiana cambió. Donde antes se llevaban varios kilos "para la semana", hoy prima el medio kilo "para el día". La carne vacuna no desaparece del menú chaqueño, pero compite más con pollo y cerdo. La elección se define por precio y por rendimiento en la olla. Productos como hamburguesas, chorizos, paleta y costillas más accesibles ganan espacio.
Impuestos, tarifas e insumos: la otra carne del costo
El margen también se erosiona por fuera del mostrador. Augusto describe una carga impositiva pesada y creciente. Solo en contribuciones laborales (Formulario 931) el promedio por empleado rondaría los 600.000 pesos mensuales, a lo que se suman tributos provinciales —alícuotas combinadas que rondan entre 1,5% y 2,9%— y nacionales, además de aumentos en luz, artículos de limpieza y embalajes. "Nos cuesta todo", admite.
Empleo en tensión
La firma familiar, que emplea a unas 80 personas entre frigorífico y carnicerías, evalúa recortes por la caída de ventas —calculada en torno al 30%— y el incremento sostenido de costos. La prioridad, enfatiza, es sostener puestos, pero el escenario obliga a revisar turnos y estructura. "Hace dos semanas analizamos alternativas para no despedir ", cuenta.
Pagos digitales y compras en cuotas
El efectivo quedó atrás. Hoy predominan transferencias y billeteras virtuales, con una porción menor en billetes. También creció la financiación: clientes que preguntan cuánto límite de tarjeta tienen y ajustan su compra a ese monto. "Duele ver a alguien calcular cuánta carne puede llevar según el crédito disponible", describe Augusto.
Entre la góndola y la mesa: precios de referencia
El abanico de precios abre juego a nuevas elecciones. Un kilo de hamburguesa ronda los 7.500 pesos; la carne picada, cerca de 9.500; y las costillas pueden variar entre 10.000 y 19.000 pesos según calidad y procedencia. La recomendación es caminar, comparar y mirar la higiene de los locales. Los controles bromatológicos —provinciales y municipales—, señala, ayudan a ordenar y mejorar la oferta.
Semana Santa sin impacto extra en la carne
De cara a las fechas religiosas, Augusto no prevé subas puntuales en carne vacuna. Sí puede haber movimientos en pollo o pescado, aunque la respuesta final dependerá del bolsillo. "Si no hay plata, el consumidor elige lo que rinde ", apunta. También observa que las costumbres de ayuno y reemplazo de carnes se diluyeron y hoy prima un enfoque más práctico.
Calidad chaqueña y vuelta a las bases
El referente valora la mejora de la ganadería local y propone recuperar técnicas de cocción que abaratan y rinden —ollas lentas, presión, cortes de novillo y vaca— sin resignar sabor. "El argentino es carnívoro y siempre vuelve a la carne", afirma, aunque reconoce que el menú se diversifica por necesidad.
Un pedido final: empatía y redes de apoyo
Más allá del mostrador, Augusto dejó una reflexión social: hay familias trabajadoras que abren la heladera y no encuentran nada. En ese contexto, sugiere tejer pequeñas redes de ayuda entre vecinos, clubes y amigos. Mientras tanto, el sector se reinventa para sostener empleo, oferta y precios lo más accesibles posible.




















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