CRECEN LOS PUESTOS DE TORTAS FRITAS Y PARRILLAS EN LAS CALLES DE RESISTENCIA
La postal se repite en avenidas y esquinas de la ciudad donde familias enteras salen a vender lo que producen como forma de sostenerse ante la falta de empleo.
En distintos puntos de Resistencia, especialmente sobre avenidas transitadas, cada vez son más visibles los puestos improvisados donde se venden tortas fritas, tortas a la parrilla y otros productos caseros. Detrás de cada anafe y cada parrilla hay historias atravesadas por la necesidad y la búsqueda de un ingreso para sostener el hogar. Mientras algunos destacan el aumento de la competencia, otros denuncian controles y multas que complican aún más el trabajo diario.
Claudio y Eugenia llegan desde Fontana cada mañana para instalarse en uno de esos puestos. Ambos explicaron que la venta callejera se convirtió en una alternativa frente a la escasez laboral. "Es para mantenernos, por‑ que no hay trabajo ahora. Está todo parado", resumió.
Claudio mientras acomodaba la masa sobre la parrilla. La rutina comienza temprano y se extiende hasta el mediodía. Luego, muchas veces, continúan vendiendo desde sus casas o en otros barrios para completar la jornada. "Hay días en que se vende mucho y hay días que no. Pero por lo menos para mantenerse se hace", contó Eugenia.

Al calor de las brasas, los puesteros elaboran uno de los clásicos de la comida callejera chaqueña.
UNA POSTAL QUE SE MULTIPLICA
Los propios vendedores coinciden en que en el último tiempo la cantidad de puestos creció de manera notoria. Lo que antes era una actividad de unos pocos, hoy se volvió una escena frecuente en varias arterias principales de la ciudad.
"Hay muchos laburantes en la calle porque no hay otro trabajo", señaló Claudio al observar cómo nuevos carros y parrillas se instalan a pocos metros unos de otros. El fenómeno no solo se nota en las mañanas. Según relatan, por las tardes la presencia de puestos de comida se multiplica aún más, en una competencia que refleja la crisis económica que atraviesan muchas familias.
EL SUEÑO DE CRECER
Para algunos puesteros, el trabajo callejero es apenas un primer paso hacia un proyecto mayor. Eugenia explicó que junto con Claudio buscan reunir dinero para ampliar el emprendimiento y dejar de depender exclusiva‑ mente de las ventas en la vía pública. "Estamos juntando para comprar herramientas para hacer una rotisería en casa y repartir", comentó.
La idea es aprovechar la experiencia adquirida en la calle para dar un salto hacia una actividad más estable que les permita sostener ingresos durante todo el año.
RECLAMOS POR CONTROLES Y MULTAS
Junto con el crecimiento de los puestos, también aparecieron reclamos por parte de vendedores que aseguran
sufrir inspecciones frecuentes y multas municipales que ponen en riesgo su fuente de ingresos.
Una mujer jubilada, que hace seis meses volvió a instalarse en la calle, aseguró que la presión oficial se volvió cada vez más fuerte. "La presión que nos están haciendo es tremenda. No nos dejan tra‑ bajar y toda la mercadería que invertí para hoy después ya no me sirve para mañana", expresó.

Las jornadas grises y lluviosas impulsan la venta de tortas fritas en distintos puntos de la ciudad.
Otro vendedor, con cinco años en la actividad, sostuvo que en algunos eventos públicos directamente no se les permite instalarse. "Nosotros trabajamos para vivir. Vienen los inspectores y a veces te quieren sacar todo", afirmó.
Los puestos de tortas fritas y parrillas se convirtieron también en un reflejo de la realidad económica. Más allá de la competencia y de las dificultades para trabajar, quienes se instalan todos los días en las veredas coinciden en algo: detrás de cada venta hay una necesidad urgente de sostener el día a día. "Con esto vivo", resumió uno de los puesteros, mientras atendía a un cliente en una esquina de Resistencia.
D.N




















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