EL PAPA LEÓN XIV REZA JUNTO AL REY CARLOS III EN UN OFICIO INÉDITO DESDE EL CISMA ANGLICANO

EL PAPA LEÓN XIV REZA JUNTO AL REY CARLOS III EN UN OFICIO INÉDITO DESDE EL CISMA ANGLICANO

Carlos III se convirtió en el primer monarca británico en rezar públicamente junto a un papa desde el cisma anglicano de hace cinco siglos. La cita tuvo lugar en la majestuosa Capilla Sixtina, bajo los soberbios frescos de Miguel Ángel, durante una celebración conjunta que presidieron León XIV y el arzobispo anglicano de York, Stephen Cottrell. El acto, riguroso en su formato y simbólico en su contenido, duró alrededor de 30 minutos y combinó liturgia católica y anglicana de forma inédita. 

El coro de la Capilla Sixtina fue acompañado por el de la Capilla de San Jorge de Windsor, y el tema central de la oración fue la protección de la naturaleza, reflejo de la convergencia entre ambas Iglesias, una señal que va más allá de lo puramente ceremonial. Unos minutos antes del oficio, el papa recibió al monarca de 76 años en audiencia privada. El rey, que ostenta el título de Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra, acudió acompañado por su esposa, la reina Camila de Cornualles, y conversaron en inglés. Hubo intercambio de regalos según las imágenes difundidas por el Vaticano. 

Por la tarde, Carlos III y Camila asistieron a otro servicio religioso ecuménico en la Basílica de San Pablo Extramuros --una de las cuatro basílicas mayores de Roma-- donde oficialmente se le otorgó al rey el título de “hermano real” (“royal confrater”) y se habilitó un asiento especial que permanecerá allí y podrá ser usado por sus sucesores en el trono británico. 

La visita se produce además en un contexto delicado para Carlos III, ya que su hermano Andrés de York afronta nuevas y comprometedoras revelaciones en relación con el caso del delincuente sexual Jeffrey Epstein. 

Un quiebre histórico: 1534-2025

La religión anglicana nació simbólicamente en 1534 cuando Enrique VIII rompió con Roma tras la negativa del papa a anular su matrimonio con Catalina de Aragón.  La ruptura fue radical: Enrique VIII se nombró Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra, disolvió monasterios, confiscó tierras, incendió manuscritos y persiguió clérigos. Durante siglos, los católicos en Inglaterra y Escocia sufrieron prohibiciones de culto público; incluso hasta los años 50, los matrimonios mixtos entre católicos y anglicanos eran mal vistos. 

Según el historiador eclesiástico William Gibson, de la Universidad Oxford Brookes, se trata de un “acontecimiento histórico”. Explica que “de 1536 a 1914 no hubo relaciones diplomáticas oficiales entre Reino Unido y la Santa Sede”. De hecho, Reino Unido no abrió su embajada en el Vaticano hasta 1982. 

En 1961 la reina Isabel II se convirtió en la primera monarca británica en visitar el Vaticano desde el cisma. En 2013, la ley de sucesión al trono británico fue suavizada para permitir que miembros de la familia real que se casaran con católicos conservaran su lugar en la línea sucesoria --antes debían renunciar automáticamente--. 

A diferencia de la Iglesia católica romana, la Iglesia de Inglaterra permite el sacerdocio femenino y el matrimonio de los sacerdotes. De hecho, acaba de nombrar como máxima autoridad a una mujer: Sarah Mullally, de 63 años, quien asumirá funciones oficiales en enero de 2026. 

Implicaciones y matices de esta reconciliación

Aunque el acto no significa una fusión entre las Iglesias, sí representa un paso relevante hacia la comprensión mutua. Algunas claves:

  • Año tras año, el número de fieles activos de la Iglesia de Inglaterra ha venido descendiendo: de unos veinte millones bautizados se calcula que menos de un millón son practicantes habituales, según estadísticas de 2022.

  • Aun así, este gesto público del monarca británico --que oficialmente es el Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra-- frente al líder de más de 1.300 millones de católicos del mundo, es enormemente simbólico. 

  • Existen tensiones: en Reino Unido grupos protestantes más conservadores criticaron la visita, al considerar que el rey podría estar rompiendo con su juramento de proteger la fe protestante. 

  • El contexto personal del rey no es ajeno: los escándalos que envuelven a su hermano Andrés añaden presión al entorno de la familia real, haciendo que este acto también tenga un valor estratégico de imagen y diplomacia. 

  • Las cuestiones de género y autoridad en las Iglesias siguen abiertas: la Iglesia de Inglaterra ha dado un paso al nombrar a Sarah Mullally como futura cabeza espiritual, lo que genera tensiones internas en la Comunión Anglicana.