DIEGO, UN LIBRO CON HISTORIAS E HINCHADA PROPIA
El trabajo fotográfico que se presentó en la sala Julio Cortázar de la Feria del Libro contó con la presencia del autor, Víctor Hugo Morales, Fernando Signorini y Javier Vilamitjana.
La fila de la sala Julio Cortázar instalada en la Feria del Libro de La Rural era una larga hilera de gente que esperaba por la orden de ingreso. Nadie quería perderse la charla y la presentación del trabajo sobre Diego Maradona que acaba de editar Grupo Octubre, donde se encuentra el registro fotográfico que Jorge Luengo capturó en noviembre de 2001 durante el partido homenaje que se llevó a cabo en La Bombonera. El último baile del 10 de todos los tiempos en el que quedó sellada la frase del siglo: “La pelota no se mancha”.
No es otro libro sobre Diego. Esta publicación de Luengo captura el espíritu del futbolista que fue a despedirse de su gente y un poco del estadio en el que recibió todo el cariño y admiración. La mesa para presentarlo estaba integrada por Víctor Hugo Morales, Fernando Signorini, Javier Vilamitjana (parte del cuerpo técnico de Maradona en Sudáfrica 2010 y Dubái, y además fue su preparador físico y amigo desde el ’94) y, por supuesto, el autor, a quien le brillaban los ojos de la emoción por ver la sala repleta de amigos y cercanos.

Diego, de Jorge Luengo Foto final con el público que asistió a la presentación en la Feria del Libro (Rocio Galvez)
“Este es un acto de amor. El fotógrafo puso su arte, su lente, su disciplina de trabajo, su amistad, y también se puso el amor por el artista que es Jorge Luengo y por el más grande de todos los artistas nuestros, Diego Armando Maradona, desde el fútbol y para la vida”, dijo Víctor Hugo y se extendió con su oralidad de poeta griego para referirse a Diego como una persona que excedió al fútbol y lo describió como “hacedor de la historia más querible de Argentina”.
Por su parte, Luengo, “El indio”, como lo bautizó el propio Diego, hizo una cronología que sintetizó su profesión como puente hacia una amistad con el 10. “Primero era el fotógrafo que buscaba una foto del ídolo, de la leyenda, y a medida que fueron pasando los años, se fue forjando la amistad. ¿Qué puedo decir que no sea una bendición? A partir de ese momento me cambió la vida para siempre y también cambió la vida de mi familia. Le pude dar un futuro a mis hijos porque aseguré mi futuro como fotógrafo”.
Luengo conoció a Maradona un verano de 1995 en Punta del Este. El jugador en ese momento, asediado con el Mundial del ’94 y su famosa frase –otra de las tantas– de “me cortaron las piernas”, buscaba descansar en un lugar tranquilo, pero una minicaravana de paparazzis tenía como objetivo perseguirlo y conseguir la foto. Entre los que ejercían esa marca personal, estaba Luengo. Primero Maradona, enajenado con la persecución y después de algunas advertencias, quiso pelear y al primero que encaró fue al Indio.
Pero el cortocircuito derivó en la amistad. Luengo venía de Tucumán y se había instalado en el barrio de Ciudad Oculta en Mataderos; necesitaba las fotos de Maradona para conservar su trabajo en la revista Gente. La explicación tocó la humanidad de Diego y le otorgó todas las imágenes que quiso. Lo siguió durante más de 20 años por todo el mundo, un raid que podría describirse de Cuba a Dubái. “Diego era muy amigo de los amigos. Un gran señor con toda la lealtad del mundo”, agrega Luengo.
Ante los aplausos cerrados de cada intervención de los presentadores y algunos amagues de corear el nombre de Diego, Signorini apuntó que le gustaba que el libro se llame Diego y no Maradona. “Como siempre digo, con Diego iría hasta el fin del mundo, con Maradona no”, introduce el Profe ante los risueños espectadores y continuó con algunos pasajes con los que recordó de dónde había salido Diego, lo que representó su figura en la gente y lamentó lo que está pasando en el fútbol.
“Tengo tantas cosas para decir. Tengo tanta bronca y tanta rabia por todo lo que sigue pasando con los futbolistas y por la porquería que han hecho del fútbol… Simplemente quiero decir que Diego es una de esas personas, como dijo (Antonio) Machado, que ‘irán conmigo mientras proyecte sombra mi cuerpo y quede a mi sandalia arena’”.
Mientras las palabras y las anécdotas se esparcían dentro de la sala Julio Cortázar, en la pantalla se visualizaban algunas de las fotos que contiene el libro. La mayoría en La Bombonera ese noviembre de 2001 y algunas otras, en las que el autor es parte del retrato, aparece junto a un Diego sonriente y luminoso, y la presencia de Fidel Castro con su clásica vestimenta militar verde olivo. Sobre el cierre, Víctor Hugo le pide a Signorini que reviva una anécdota con Diego…
“El 22 de junio del ’86, una mariposa celeste y blanca cruzó volando el prado del Azteca en México para convertir uno de los goles más bellos de la historia total del fútbol. Estaba encantado con ese gol y pensaba que era insuperable; ¿qué lo puede superar? Estaba en la cancha y no había escuchado un relato que hoy en todas las canchas del mundo se repite. Cuando llegué a Buenos Aires, me agarró una cosa de decir que el gol de Diego ya no fue lo mismo que era antes de escuchar ese relato. El gol de Diego fue maravilloso, pero sinceramente el relato de Víctor Hugo fue mejor todavía”, concluye el Profe ante, ahora sí, la ovación del nombre de Maradona maridado con el histórico relato del Barrilete Cósmico.



















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