LA SELECCIÓN INAUGURA UNA POSTA HISTÓRICA
Nico Paz y Giuliano Simeone son los primeros hijos de jugadores mundialistas argentinos que, como sus papás, formarán parte de la cita más importante del fútbol.
La incursión mundialista de la Selección Argentina en Estados Unidos, México y Canadá trae tantísimos condimentos para disfrutar de la cita más esperada del fútbol. El primero de ellos, claro, es la ilusión del campeón del mundo por defender la corona conquistada en Qatar. La lista definitiva que entregó Lionel Scaloni confirmó una perlita histórica para el deporte de nuestro país: por primera vez, Argentina sellará la presencia en Mundiales de un tándem padre-hijo. Y no solo con un caso, sino por duplicado: Nico Paz, hijo de Pablo, y Giuliano Simeone, hijo de Diego, integran el plantel que ya sueña con la cuarta estrella, un hito familiar que otras naciones habían vivido, pero que se estrena recién ahora en la historia futbolística albiceleste.
Como si fuera poco que el “debut” argentino en esta categoría llegase por partida doble, abundan las coincidencias entre ambos casos. Aunque Giuliano (23) es algo mayor que Nico (21), ambos forman parte de una estadística –la de los Europibes– que crece como tendencia en el seleccionado nacional: el menor de los Simeone nació en Roma, Italia, y Paz, en tanto, es nativo de Tenerife, España. Mientras que una coincidencia central en esta historia une a sus padres (ambos jugaron el Mundial de Francia 1998), otra reúne a sus hijos: no solo los dos debutaron con la Mayor en 2024, por las Eliminatorias Sudamericanas, sino que ambos marcaron su primer gol con la Albiceleste en marzo, si bien Giuliano lo hizo el año pasado (en el histórico 4-1 sobre Brasil en el Monumental) y Nico hace poco más de dos meses (de tiro libre en el 2-1 sobre Mauritania).
Giuliano lleva sobre sus espaldas un apellido fuerte para la memoria popular argentina: su padre, con 106 encuentros y once goles, integra la lista de los diez futbolistas con más presencias en la historia de la Selección Mayor. El “Cholo” disputó tres Mundiales (Estados Unidos 1994 y Corea y Japón 2002, además de Francia 1998) y fue campeón en dos de las cuatro ediciones de la Copa América que jugó (1991 y 1993). Papá Diego, quien se muestra siempre cauteloso y escueto al referirse a su hijo –es su entrenador en el Atlético de Madrid–, reconoció su trabajo tras la victoriosa doble fecha de Eliminatorias de marzo del año pasado: “Con Uruguay fue de menos a más y con Brasil le tocó entrar y respondió como hay que responder en un lugar privilegiado como la Selección. Esperamos que siga con la misma dinámica y la misma pasión para mejorar”. También elogió su evolución en el Atleti: “Está creciendo desde la humildad, el trabajo y desde la predisposición para acoplarse a lo que el equipo necesita”. Giuliano, a su vez, le quitó el cariz de excepcionalidad a la reacción de su padre al enterarse de su convocatoria al Mundial y, en diálogo con TN, describió lo familiar de la situación: “Estaba muy contento, como cualquier papá que está contento por un hijo al que le están saliendo las cosas”.
Tampoco abundan los elogios de Pablo Paz para su hijo Nico, el virtuoso zurdo que milita en el Como italiano. Ambos padres, parece, buscan correrse del camino de sus hijos y dejar que escriban su propia historia, cerrándoles la puerta a excesivas presiones y comparaciones odiosas. Uno de quienes no dudó en alabar el juego de Nico Paz, en cambio, fue el histórico jugador del fútbol italiano Francesco Totti, quien el año pasado lo describió con tres cualidades singulares (“es original, creativo y travieso al mismo tiempo”) y auguró que “se convertirá en uno de los mejores jugadores del mundo”.
Aunque solo disputó un partido en Mundiales (triunfo argentino por 1-0 frente a Croacia por la fase de grupos de Francia ‘98), su papá ha sido la gran inspiración del Paz que jugará esta Copa del Mundo. “Siempre, desde que nací, lo vi jugar. Ya estaba en la última etapa de su carrera y yo lo iba siguiendo a todos los campos de juego siempre con la pelota en la mano”, contó hace poco Nico, quien debutó con la Mayor en el 6-0 a Bolivia del 2024. En aquel encuentro por las Eliminatorias, al exquisito volante que por entonces acababa de cumplir 20 años le bastaron solo 13 minutos (entró al final del partido por Lautaro Martínez) para sellar su estreno con una inolvidable asistencia para Lionel Messi, su ídolo futbolístico desde que era pequeño. Cuando llegó su primer gol, en marzo pasado, no dudó en regalárselo a su papá Pablo, defensor formado en Newell’s. “Lo primero que hice fue dedicárselo a mi padre, que estaba ahí y es el primero que está siempre presente –explicó el joven Paz–. Yo estoy intentando seguir sus pasos aquí en la Selección”.
Esta estadística en la que nuestro país se estrena está lejos de ser nueva, aunque debieron pasar 18 ediciones de la Copa del Mundo para que la Albiceleste al fin se sume al selecto grupo de familias que se pasaron la gloriosa posta futbolera. Son, en total, 28 las duplas de padres e hijos que fueron parte de la cita más grande del deporte de la pelota a gajos, contabilizando hasta la edición qatarí de hace cuatro años. El mexicano Luis “Pichojos” Pérez, una leyenda del fútbol mexicano, es quien inauguró la tradición en los mismísimos orígenes de la competencia: el delantero integró el Tri en la primera edición, Uruguay 1930, mientras que su hijo Mario Pérez Guadarrama, heredero también de su apodo, fue uno de los defensores del seleccionado en 1970, durante el primer torneo en el que su país (el único en ser tres veces sede de un Mundial) ofició de anfitrión.
Francia, España y Suecia son los países que más casos tienen en la exclusiva lista con duplas de padres e hijos, con tres vínculos familiares cada uno. Dos casos en su haber, en tanto, registran los seleccionados de México, Uruguay y la actual Eslovaquia (los padres, en ambos casos, jugaron para la antigua Checoslovaquia). Por último, hay 11 naciones con una única dupla de padres-hijos (Rumania, Italia, Brasil, Bélgica, República de Corea, Polonia, Países Bajos, Costa Rica, Dinamarca, Estados Unidos y Ecuador) y dos casos en los que el vínculo sanguíneo se mantuvo, pero no así la identidad nacional, que son el de Martí Vantolrà (España) y su hijo José (México) y el de Mazinho (Brasil) y Thiago Alcántara (España).
Ninguna de las históricas familias que se pasaron la posta mundialista de generación en generación, sin embargo, logró hasta ahora consagrarse por partida doble y que tanto el padre como el hijo conquistaran la Copa del Mundo. Quien más cerca estuvo de festejar esa epopeya fue el hogar de los Thuram: Lilian se consagró campeón del mundo en Francia ’98 cuando aún no había cumplido el año de vida su hijo Marcus, quien justamente 24 años después perdería la final contra la Scaloneta en Qatar 2022. La doble hazaña que enlaza en la máxima gloria futbolística a un jugador y su heredero –metafórica y literalmente– es todavía un sueño imposible. Lo que es posible, y sucederá también en Estados Unidos, México y Canadá cuando comience al fin el evento más esperado del fútbol, es que alguien que sintió el feliz honor de lucir la camiseta de su nación en un Mundial disfrute de ver protagonizando esa misma escena a aquel niño al que le enseñó a jugar a la pelota. El “Cholo” Simeone y Pablo Paz serán los primeros argentinos en estrenar ese singular sentimiento, que seguramente los haga temblar de orgullo y emoción cuando vean a sus hijos Giuliano y Nico ser parte de esta Copa del Mundo.



















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