LO QUE CAPUTO OCULTA, LO QUE NIEGA Y LO QUE LE AVISAN

LO QUE CAPUTO OCULTA, LO QUE NIEGA Y LO QUE LE AVISAN

El campo le dijo que si levanta el cepo sin dólares, la cotización se puede ir a 1800 pesos con una devaluación de hecho, y que Sturzenegger espera que él haga ese trabajo sucio. Preocupado por los precios en julio -producto del traslado del salto del dólar a las góndolas-, el ministro admitió que el presidente le pidió inflación "cero", y que si eso es más recesión, "será más recesión". 

Toda historia tiene dos caras. Mientras el presidente Javier Milei vocea que Luis Caputo es el mejor ministro de Economía en décadas y juntos ponderan lo que entienden como una inflación a la baja; el lado B refleja preocupaciones, negaciones y confesiones del funcionario de Hacienda, que combinan con los avisos que el sector privado le hace, en conversaciones reservadas, sobre el riesgoso cuello de botella al que está llegando el plan-no-plan económico del Gobierno. Esas inquietudes e ideas subterráneas explican porqué los mercados no le están creyendo a Milei, en una semana que de nuevo volvió a ser compleja e inestable en los frentes económico y político. Y en la que se vio obligado, un sábado al mediodía, por redes sociales, de manera muy poco clara y con el Presidente fuera del país, a anunciar una medida desesperada como vender dólares que son escasos para intentar frenar la escalada de los paralelos que, como se verá a continuación, ya está pegando en precios

Según supo Página/12 de boca de diferentes actores económicos, en las conversaciones reservadas que Caputo mantuvo con el campo, con sectores del consumo masivo y con empresarios industriales, volvió a decir que no va a devaluar, pero a la vez pidió no subir precios, preocupado porque en julio ya se está viendo traslado de la brecha del dólar a la góndola, factor que midieron al menos tres consultoras. A la vez, aclaró que no le interesa tener "más recesión" con tal de llegar a la inflación cero, el pedido número uno del presidente. 

En paralelo, más allá de la pirotecnia oficial de una supuesta apertura del cepo cambiario, el Círculo Rojo le avisó que no se puede abrir sin divisas, porque eso supondría "una devaluación brutal" y que, en paralelo, eso es lo que quiere Federico Sturzenegger. En síntesis, que la tarea sucia la haga un ministro en crisis, abriendo un escenario de oportunidades políticas para el hoy titular de Desregulación Económica. 

Los que frecuentan los pasillos de la Casa Rosada contaron a este diario que en Presidencia ya se empieza a escuchar una frase que, hasta hace semanas, era una rareza: "al presidente no le va a temblar la mano si es que tiene que echar a Caputo". El ministro sabe que está bajo asedio, a pesar de los esfuerzos de una parte del Gobierno para cobijarlo. Por eso se planta en no modificar su plan inicial. "Mi bandera es esa", dijo en los encuentros que mantuvo esta semana, acompañado del secretario de Comercio, Pablo Lavigne; y el Coordinador de Industria y virtual ministro de Agricultura, Juan Pazo. 

Los tres se vieron con la Sociedad Rural, la Asociación de Fabricantes de Autos (ADEFA), la Cámara de Desarrolladores Urbanos (CEDU) y un pool de empresas del consumo. Como Caputo sabe que el desfiladero es pequeño y con la idea de evitar filtraciones, a este último mitín sólo convocó a ceos. Se alistaron Carla Martín Bonito, de la Coordinadora de Productores de Alimentos (Copal) y los popes de las firmas dueñas de la góndola, entre ellas Molinos Río de la Plata SA, Arcor, Mondelez, Grupo de bodegas Peñaflor, Unilever, Danone, Cabrales, AGD, Mastellone, Las Marías, Nestlé, QuickFood, Coca Cola y la cervecera chilena CCU. 

"Si salís, tenes un dólar de 1800 pesos"

Los ruralistas fueron, quizás, los más elocuentes con el consejo al ministro. "Salir del cepo, hoy, es una corrida y una inflación incontenible", le expresaron referentes de diferentes rubros, no sólo de la SRA. Caputo lo aceptó y hasta dijo que "por eso yo no quiero salir ahora". Lo cierto es que el ministro tiene presiones del establishment y el presidente para hacerlo. Cree Caputo que ni a fin de año se podrá salir. "Acá tenes más de 1000 empresas globales que tienen que girar dividendos", siguió hablándole otro empresario, "te van a vaciar, y eso sin contar los dólares para las importaciones que van a tener de juguetes y ropa china"

En un momento de la conversación, se especuló además con lo que una parte del Gobierno y de los funcionarios de Hacienda niegan: que el tipo de cambio de salida de un cepo sin divisas "puede irse incluso más arriba que los 1500 pesos, puede llegar a 1800, es todo expectativa esto". "Vos tenés que acelerar el ritmo del crawling", le recomendó alguien más cauto. "Para eso ya es tarde", devolvió Caputo, que se aferra al 2 por ciento mensual. "Si salís sin dólares, le cumplís el sueño a Federico", especificó otro empresario, que no se anduvo con eufemismos y ve que la silla de Hacienda es, hoy, la silla eléctrica. Los que mejor conocen al ministro aseguran que suele decir que "yo no me voy a ir de este gobierno con el cepo levantado". A esta altura, "Toto" ya vela por su propia supervivencia. Y es lógico. 

Asimismo, Caputo tiene un problema extra: el revés que tuvo del FMI esta semana, la vocera Julie Kozack no sólo negó que exista un préstamo para Argentina, sino que además respaldó a Rodrigo Valdés, el chileno que dirige el Hemisferio Occidental y Caputo quería correr de la negociación. El campo sabe que el Fondo es, para el sector, un problema y a la vez un aliado: el organismo pide una devaluación urgente, pero también subir retenciones para apalancar ingresos fiscales. Ahora hay otro inconveniente, que es que el anuncio de Caputo de este sábado es lo contrario a lo que el FMI recomienda hacer. 

Penurias de los gerentes de ventas 

"Hacemos todo para vender, pero eso no está pasando", le comentó un ceo del consumo a Caputo en la reunión de esta semana. De los presentes, el que mejor estaba perdió ventas mensuales apenas por debajo de los 10 puntos. Los de bebidas, directamente, venden 30 por ciento menos que el año pasado. Una catástrofe. Pero Caputo insistió que no devaluará, que el dólar no está atrasado y que "no tiene sentido hablar de la brecha, lo que importa es que baje la inflación". 

El ministro no lo dijo, pero dejó trascender que, sin dólares en el Banco Central, la única opción para sostenerse en el cargo y evitar una devaluación es forzar un IPC que se calque con el 2 por ciento de microdevaluaciones mensuales. "No importa si hay más recesión", dejó entrever. Aunque esa idea es parcial: quienes lo secundan, sobre todo Pazo, le dicen que hay que cuidar el mercado interno. Por eso, la desesperación oficial por ofrecer créditos al consumo masivo. Un poco tarde en semejante crisis de ingresos y precios liberados. En paralelo, la decisión reciente de resignar reservas para calmar la brecha y emitir cero, garantiza una recesión de larguísimo plazo. 

La brecha, ¿a la góndola?

El problema que afronta el Gobierno es que la recesión es cada vez más profunda y, a la vez, no está garantizada una dinámica de precios a la baja. Los proveedores de canasta básica mandaron a los supermercados listas de subas de entre 5 y 10 por ciento, que se disimulan con promociones para no afectar al bolsillo y no enojar al Gobierno. No es sólo eso, sino que tres consultoras, una de ellas LCG, fundada por Martín Lousteau, ve que la brecha arriba del 60 por ciento, aunque Caputo se ate al mástil de la no devaluación, ya se está yendo a precios. La primera semana de julio fue muy caliente. Luego, para algunas consultoras, como Analytica, se corrigió en la segunda semana. 

Sorprendió a muchos, en las últimas horas, un mensaje en X de Luciano Cohan, macroeconomista y titular de la consultora Alphacast, quien escribió que son "feos los nuevos datos de inflación, la suba del blue ya llegó a la góndola". Cohan está lejos de ser un opositor a Caputo. Trabajaron para el mismo Gobierno en Hacienda. Siendo titular de Elypsis, Cohan fue quien pronosticó, el mismo domingo donde Alberto Fernández le sacó 20 puntos a Mauricio Macri, que la elección estaba empatada. El lunes posterior, la inestabilidad hizo un desastre en todos los frentes. 

Un ceo del sector de los autos, ya fuera de la reunión, se quejó de que el Gobierno no ve la crisis que atraviesan las terminales, muchas de las cuales están virtualmente paralizadas, como la industria de metales en general. Es que la foto que hoy tiene el ministro para ofrecer, como explicó hace unos días un alto dirigente de la UIA en un almuerzo privado, es una devaluación del 120 por ciento en diciembre, otra en puerta y una recesión de dos dígitos sostenidos. "Todo para haber generado la misma inflación que tenía el ex ministro Guzmán sin todos esos males previos", reflejó. "Gusto a poco y a un precio bastante caro", agregó.