RABIA, ODIO, PALOS, FÚTBOL VÍCTOR HUGO

RABIA, ODIO, PALOS, FÚTBOL VÍCTOR HUGO

Reflexión sobre la decisión del Gobierno de no transmitir los partidos de la Selección por la TV Pública.

Hay una parte del mundo donde no tanto el poder sino la propia insensibilidad del individuo genera un orden despótico y una reescritura de la realidad. Lo novedoso, en estas sociedades, es que ya no se lucha de manera violenta e incluso sangrienta para cambiar una realidad impuesta, sino que se borra esa realidad y se la reformula para adecuarla a una maleable sensibilidad indignada. Todo pasa a ser muy blanco, muy aséptico. Con picar un “hashtag” desde el sofá de casa creemos que ya hemos cumplido. Un día pagaremos (ya lo estamos pagando) esas vilezas disfrazadas de frivolidad.

No se pretende modificar la realidad, sino inventarla, corregirla, y forzar el asentimiento público y legal de esa depuración. Ese extremo “mileista” de auténtica descomposición social en la que el Estado se desentiende de los servicios básicos, de la solidaridad más elemental, de la cohesión más primaria, aspirando a dejar a los individuos desatendidos, en una fantasía de prosperidad que es en realidad un presente de fango que nos llega hasta los ojos. Bajo esas libertades liberales que liberan tan poco se apalean jubilados, se suben tarifas, se destruyen trabajos, y se diseña el abuso de riqueza y de poder que destroza nuestra sociedad. 

La estrategia de este gobierno es embestir contra todo, con la idea de que ese “todo” sea susceptible de ser privatizado. Hace uno días “fundieron a negro” la pantalla de la Televisión Pública ante el partido de la Selección Argentina frente a Chile. Así se fabrica el “modelo”. Ha empezado el vaciado. Una Televisión Pública no se privatiza en diez minutos. Primero se la vacía de contenido, se la arrincona, se la desgasta, se la hace ineficiente, y se la adelgaza hasta el raquitismo en su partida presupuestaria. Lo hacen con los hospitales, con los colegios, con las empresas públicas. 

Hoy, es bueno recordar, la exposición en el senado de la Nación de Víctor Hugo Morales, el 21 de Junio de 2000, ante el proyecto de ley que determinó que los partidos de la Selección Argentina se vieran en directo y por televisión: ”El fútbol resiste como el último polo de atracción de los argentinos, convirtiéndose en uno de los escasos escenarios de nivelación social”. (....) "Es así como golpea (el modelo anterior) en el bolsillo de los que componen el pueblo argentino, sometiéndonos a un negocio que para nosotros entra en el terreno del negociado, construido a costa de la gente y por cifras multimillonarias”. (...) “Es en razón de lo expuesto que, antes las amenazas de juicios que llevarían adelante contra el Estado nacional, y en virtud de los argumentos hasta aquí esgrimidos, desearía que llegara el momento por lo cual los partidos se transmitan por televisión abierta y en directo”. 

Veinticuatro años después volvemos a hablar de lo mismo. Así, como de la privatización del fútbol argentino. El “modelo” recomienda, al modo europeo, que el club privatizado se edifique sobre un consejo de administración y una rentabilidad sobre recursos (return on equity): el ratio entre el resultado neto del club/empresa y los fondos propios de su balance, que se convierte en el baremo más importante de ese consejo de administración. Todo ello asociado a una obligada cotización en bolsa, donde la acción y su cotización se convierten en el fichaje más importante de la entidad. De esta manera los clubes se transforman en productos bursátiles, encadenados a una política de mercado por multimillonarios que no se adueñan de clubes y jugadores, se adueñan de productos financieros.

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos”. Mateo, 19. ¿Habrá leído este versículo el fanático religioso de Milei?