BOCA SUEÑA, RIVER TIENE PESADILLAS

BOCA SUEÑA, RIVER TIENE PESADILLAS

Una mirada hacia el futuro después de un Superclásico llamativamente desigual.

Boca cree que puede, River no puede. Boca trata de remontar un año malo. River se ahoga en un pantano de derrotas y desconfianza. Como siempre, el superclásico del domingo dejó héroes y villanos futbolísticos. Fue así desde el principio de la historia. Será así hasta que la última pelota ruede sobre la tierra.

El triunfo boquense tuvo un triple efecto positivo: por el triunfo en sí, porque puso al equipo otra vez en la fase de grupos de la Copa Libertadores y porque millones de hinchas ahora creen que lo peor ya pasó y que el decepcionante 2025 puede cerrarse prendiéndole al escudo otra estrella de campeón. Claudio Ubeda es el cuarto técnico del plantel en el año luego de los ciclos de Fernando Gago y Miguel Angel Russo y el interinato de Mariano Herrón. Y ha logrado que tras el fallecimiento de Russo, los jugadores no decaigan y mantengan en alto su espíritu. Tiene a su favor que se alejaron del grupo algunas malas influencias y que Leandro Paredes se hizo cargo del vestuario y lo alineó detrás de él. También, que tomó algunas decisiones que se venían demorando: le devolvió la titularidad a Milton Delgado y a Exequiel Zeballos, dos hombres que con Russo corrían muy desde atrás y a veces, ni siquiera eran tenidos en cuenta.

Que quede muy en claro: Boca dista de ser una expresión futbolísticamente poderosa y convincente. A River le ganó con el envión de fe y optimismo que Zeballos le dio a partir de la última pelota del primer tiempo. Ahora, circula con onda verde por el torneo (tres triunfos consecutivos)Y ese agrande anímico hace que se lo empiece a ver como el gran candidato al título. Tal vez no dé para tanto. Pero enfrente tampoco parece haber rivales imposibles. Por eso, Boca sueña. Porque cree que puede. Después se verá.

En cambio, River sigue hundido en esta racha negativa que lo ha llevado a perder nueve de sus últimos once partidos entre el Torneo Clausura, la Copa Libertadores y la Copa Argentina. Para sus millones de hinchas, toda la responsabilidad recae en los jugadores porque Marcelo Gallardo es infalible. Pero el técnico es el más desorientado de todos. Prueba, pone, saca, cambia los esquemas de un tiempo al otro y los jugadores ya no le dan respuesta. Si Boca sueña, River tiene pesadillas. Y no puede despertarse.

Tras la derrota en la Bombonera, Gallardo eligió el mismo silencio de la semana pasada luego de perder con Gimnasia. Es posible que sienta que ya no le queda más nada que decir ni que ofrecer desde lo táctico, lo estratégico y lo mental. La crisis de River no encuentra piso. Y lo único evidente es que, tal como sucedió luego de no haber podido pasar la fase de grupos del Mundial de Clubes, de nuevo habrán de pagarla los jugadores: varios contratos no serán renovados y varios de ellos terminarán la temporada con la etiqueta de transferibles. Gallardo en cambio, seguirá firme ahí, tomando las decisiones. Aunque el bronce inmortal de su estatua siga transformándose en cartón pintado.