EL FORMATO QUE SIEMPRE PERJUDICA A LOS ITALIANOS
El seleccionado europeo volvió a fallar en la clasificación a un Mundial, y los interrogantes son enormes.
El 5 de septiembre de 1993 se produjo un quiebre. No el único, pero sí uno muy importante en la historia de la Selección Argentina de fútbol. Después de los 33 partidos del invicto de la era Basile llegó un lascerante 0-5 en la cancha de River ante Colombia, que hizo repensar todo. Diego Maradona estaba en la tribuna; ni se pensaba hasta ahí en su retorno al equipo nacional. Pero en las gradas del Monumental se escuchó un “ole” que no fue precisamente por virtudes de los futbolistas argentinos, sino por el “toqueteo” de Colombia.
De repente, de una situación supuestamente cómoda, Argentina estuvo a minutos de quedar eliminada de la Copa del Mundo por el resultado del partido que, en simultáneo, jugaban Perú y Paraguay, en Lima. El 2-2 final en aquel encuentro generó el alivio para los propios hinchas que se quedaron esperando el desenlace en el Monumental, y para los millones de telespectadores. Un gol de Paraguay dejaba directamente afuera a Argentina. La Selección terminó segunda detrás de Colombia en el grupo A, de cuatro equipos. Quedó la posibilidad de un impensado repechaje.
Alfio Basile tuvo que convocar a Diego y aquella instancia no fue tan sencilla. Dos partidos ante Australia: 1-1 en Sidney, el 31 de octubre, y 1-0 con gol de Batistuta para la clasificación en River, el 17 de noviembre.
Después, con un histórico formato de división de grupos para la clasificación al Mundial, en realidad como en todo el mundo, Julio Grondona -como en tantas cosas, más allá de cualquier juicio de valor- vio antes que nadie el problema y lo resolvió desde su propio lugar de privilegio en la FIFA. Acuñó la idea de una Eliminatoria Sudamericana a un solo grupo, todos contra todos, a dos ruedas. Ya para el Mundial ’98, entonces, empezó el nuevo formato: diez equipos, cuatro clasificados directos y un quinto país al repechaje. Basta de grupos en los que había que salir primero o segundo. Así salvaba de cualquier “contratiempo” a Argentina. De hecho, en aquella primera nueva eliminatoria, el entrenador Daniel Passarella recibió críticas iniciales por los famosos malos resultados de “la pelota no dobla” en Quito, y el “corte de Cruz” en La Paz. Pero al final del largo camino, el de los duelos todos contra todos, la Selección terminó primera en su grupo. Y lo hizo con una exhibición en el partido final de la clasificación, una fecha antes: 2-1 ante Chile en Santiago, con un equipo que tenía en la cancha, todos juntos, a Verón, Ortega, Gallardo, Batistuta, Simeone y Balbo, entre otros.
Nunca más sufrió la Selección una clasificación al Mundial. Más allá de la excepción del “piletazo” de Palermo y el gol de Mario Bolatti en Uruguay, aunque igualmente el equipo de Diego no tuvo que ir a repechaje.
Lo que Don Julio vio hace más de tres décadas, la UEFA ni siquiera lo ve ahora, a las puertas de un Mundial de 48 equipos que debería haber asegurado, en teoría, la presencia de todos los “grandes” en la ronda final.
Más allá de una FIFA “ecuménica” o con intereses electorales o económicos al ampliar la cantidad de equipos, entra a tallar directamente la responsabilidad de la UEFA, que debió haber tenido el sentido estratégico de Grondona y la Conmebol para cambiar, desde hace mucho, el formato de clasificación al Mundial en Europa. Es cierto que la inmensa cantidad de asociaciones genera que sea inevitable una división de grupos, y seguramente imposible un “todos contra todos”, pero también es verdad que esas zonas se pueden acotar en cantidad con dos o tres pasajes por grupo, para darle más aire las selecciones supuestamente “potencias”, y dejar menos espacio a eventuales sorpresas.
Esto no significa salvar las responsabilidades propias de Italia en esta tercera eliminación consecutiva. Se trata de la primera Selección campeona del mundo a la que le ocurre semejante cosa. Sus confusiones futbolísiticas no forzadas, después del salto al futuro que había dado con Marcelo Lippi en el título de 2006, con un equipo que abandonó el catenaccio y achicó hacia adelante, con algo de la marca de Arrigo Sacchi (más allá de los méritos para el título de Francia increíblemente desperdiciados por la reacción de Zidane en la final), provocaron una debacle de la que no puede salir más allá del oasis fuera de contexto del título de la Eurocopa de 2021.
Que Retegui, -un buen atacante para Tigre-, sea delantero de la Selección de Italia, es la prueba fehaciente de su declive. De la falta de una escuela futbolística, de una formación aggiornada -como lo hicieron el fútbol español, el alemán y el francés en distintas etapas-, de sus carencias de ideas de juego, de proyecto futbolístico y de intérpretes. También le faltó un Grondona.



















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