LA LARGA ESPERA DE LA RD DEL CONGO Y HAITÍ
Son los países que más esperaron su regreso a un Mundial de los que participarán en la cita norteamericana. Pasaron 52 años desde su única participación.
De los seleccionados que formarán parte del Mundial que se viene, Haití y la República Democrática del Congo son los países que más tiempo debieron esperar para volver a jugar la cita más importante del fútbol. Ni más ni menos que 52 años pasaron desde la vez que ambos combinados nacionales disputaron la última y única Copa del Mundo que registran sus estadísticas. Vale entonces un pequeño viaje en el tiempo mientras esperamos que se materialice su esperado regreso. Una pregunta guía la aventura y los recuerdos de quienes acumulan más de medio siglo sobre la Tierra: ¿Cómo era el mundo en 1974, qué cosas importantes pasaban allí, cuando Haití y la RD del Congo jugaron por última vez un Mundial?
Aquella última Copa del Mundo de la que haitianos y congoleños formaron parte puede ser un buen punto de partida para empezar el ejercicio memorioso: un hecho inédito, curioso e histórico ocurrió allí y merece ser parte de este viaje en el tiempo. Fue ni más ni menos que el gran duelo entre Alemania Oriental y Occidental, seleccionados que representaban a cada uno de los regímenes políticos en que se había dividido el país germano tras la Segunda Guerra Mundial y que perduraron hasta el fin de la Guerra Fría. Mientras que la República Federal de Alemania (que albergó aquel Mundial) era un Estado capitalista alineado con Estados Unidos, la República Democrática Alemana se encontraba bajo la órbita de la Unión Soviética. Aunque el seleccionado anfitrión terminaría consagrándose campeón en aquella edición, fue Alemania Oriental la que se impuso por 1-0 (con gol de Jürgen Sparwasser) en aquel duelo por la fase de grupos, el primer y único encuentro que enfrentó a los dos combinados nacionales teutones de categoría absoluta.
En nuestra región, en tanto, Independiente cerró aquel año con su tercera conquista consecutiva de la Copa Libertadores (alcanzaría el tetracampeonato al hilo sumando también el título de 1975), que le ganó a San Pablo en una final que se estiró hasta un tercer partido desempate: el equipo brasileño venció primero como local por 2-1, el Rojo ganó en Avellaneda por 2-0 y, en el juego definitivo en Santiago de Chile, el elenco argentino volvió a imponerse, esta vez por 1-0 con gol de Ricardo “Chivo” Pavoni, para alzar el codiciado trofeo. A nivel local, 1974 fue el año que consagró campeones a Newell’s del Metropolitano y a San Lorenzo del Nacional. Además, el fútbol argentino entregó una perlita histórica: el 6 de octubre de aquel año, en el marco del torneo que ganaría el equipo azulgrana, Banfield venció a Puerto Comercial de Bahía Blanca por 13 a 1 y selló con aquel resultado la máxima goleada del profesionalismo, récord que sigue vigente.
Si bien el deporte entregó glorias y festejos por todo el mundo, aquel año un argentino acaparó todas las miradas y empezó a escribir su leyenda cuando ganó uno de los grandes torneos de su disciplina. El 15 de diciembre de 1974, Guillermo Vilas se consagró campeón del Masters (actual ATP Finals) tras vencer en la final al rumano Ilie Năstase por 7–6(8–6), 6–2, 3–6, 3–6 y 6–4. Si bien el mejor tenista albiceleste de la historia luego conquistaría cuatro Grand Slams (US Open y Roland Garros en 1977 y el Abierto de Australia en 1978 y 1979) durante la notable trayectoria que lo vio ganar 62 trofeos, el de aquel año significó el primer gran título de su carrera
“Llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”. Esas fueron las palabras finales del último discurso de Juan Domingo Perón, quien murió el primero de julio de 1974. El fallecimiento del líder político más importante de la historia argentina impactó incluso en el Mundial de aquel año: aunque sería algo impensado para un evento FIFA de la actualidad, dos días después de su muerte se jugaron los cuatro últimos partidos de la segunda fase (incluido el 1-1 entre Argentina y la República Democrática Alemana) y los árbitros fueron instruidos para pausar el partido en medio del juego y ofrecer un instante de silencio.
Solo una semana y un mes después, otro suceso político sacudió al mundo: el 8 de agosto de 1974, el presidente estadounidense Richard Nixon se dirigió a su país para anunciar su renuncia, uno de los coletazos finales del Watergate. El escándalo de espionaje que involucró su reelección y descubrieron los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein del Washington Post (retratado en la gran película Todos los hombres del presidente) desató en aquel momento un hecho inédito en la historia de la nación norteamericana: la primera renuncia (y hasta ahora la única) de un presidente en la historia de Estados Unidos.
Muchísimos otros acontecimientos tuvieron lugar aquel año, que solo deja la opción de un repaso arbitrario y para nada exhaustivo en esta nota que bucea en los recuerdos. En 1974 nacieron Los Ramones, Ariel “Burrito” Ortega y Leonardo Di Caprio. Aquel año del cine entregó ni más ni menos que El padrino II, que sería reconocida el año siguiente con el Oscar a Mejor Película y se convertiría en la primera secuela cinematográfica en conquistar esa deseada estatuilla. Los Pittsburgh Steelers, ese equipo de fútbol americano que se conoció masivamente por el fanatismo de la familia Pearson en la serie This is us, conquistó el primer Super Bowl de su historia también en aquella temporada.
Pero volviendo al comienzo, ¿cómo fue aquel Mundial 1974 para los dos seleccionados que inspiraron esta nota? Ninguno pudo conquistar un triunfo y, con tres derrotas encadenadas, la soñada aventura terminó despidiéndolos en la primera ronda. El combinado caribeño quedó encuadrado en un grupo bien difícil: perdió 3-1 contra una Italia que llegaba como subcampeona del mundo, 7-0 frente a Polonia y 4-1 contra la Argentina que en la siguiente fase sería devorada futbolísticamente por “La Naranja Mecánica”. Haití se fue del Mundial con dos goles en su haber (ambos anotados por Emmanuel Sanon), una marca que en el caso de la RD del Congo (entonces Zaire) incluso quedó en cero: el país centroafricano, único representante de su continente en aquella Copa, cayó en el debut ante Escocia por 2-0, sufrió una durísima goleada ante Yugoslavia por 9-0 y dijo adiós ante Brasil, vigente campeón del mundo que los venció por 3-0.
Después de estos 52 años de aquel estreno mundialista, la cita en Estados Unidos, México y Canadá los recibe nuevamente. Tras finalizar primero en su zona durante la última fase clasificatoria (que compartió con un representante de la CONCACAF que suele ir a las Copas, Costa Rica), Haití debutará el 13 de junio ante Escocia por el Grupo C, que comparte también con Marruecos –semifinalista del último Mundial y reciente campeón de la Copa Africana de Naciones– y Brasil. La RD del Congo, en tanto, se clasificó a la cita en el repechaje de marzo pasado, tras vencer en su final a Jamaica por 1-0 con un gol en tiempo extra de Axel Tuanzebe, cuando iban 100 minutos. El elenco africano se estrenará en Houston ante Portugal el 17 de junio y luego deberá medirse con Colombia y Uzbekistán en sus restantes duelos por el Grupo K. La ilusión de su primera victoria mundialista aparece en el horizonte de estos dos seleccionados, a los que nadie les impedirá soñar a lo grande después de medio siglo de espera.



















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