MENOTTI Y EL LEGADO DEL MUNDIAL BAJO LA DICTADURA
Aunque fue criticado por su rol durante el régimen, defendió a sus jugadores y mantuvo siempre sus convicciones, enfrentando polémicas y dejando su impronta en el fútbol nacional.
El de César Luis Menotti fue y será uno de los nombres más importantes de la historia del fútbol argentino. Es el primer técnico de nuestro seleccionado campeón del Mundo. Pero antes ya era un revolucionario: había armado al Huracán campeón del 73, equipo aún hoy considerado entre los mejores de todos los tiempos. Además, Menotti no ocultaba sus ideas de izquierda ni su amistad con referentes populares; entre ellos, Mercedes Sosa.
Pero a la vez, siempre le quedará el (injusto) mote que sus críticos más acérrimos le endilgaron: fue el técnico del proceso. El hombre que condujo a la Argentina a la fiesta de su Mundial hecho en casa y bajo el gobierno de la dictadura encarada por Jorge Rafael Videla y su banda de asesinos. Tiempos de la fiesta de todos; y de los argentinos somos derechos y humanos. El EAM (Ente Autárquico Mundial 1978) y el asesinato del general Omar Actis. En 1979, Menotti volvió a revolucionar al fútbol y, con los años, volvería a darles de comer a sus detractores, que no eran pocos, tras conseguir el título en Japón con el seleccionado juvenil que tuvo en Diego Maradona a su máxima figura: para ellos, se ratificaba como el entrenador de la gestión militar. La temprana eliminación del Mundial de España, en 1982 y también bajo el régimen, le dio de comer a muchos.

1982 es el año en que la dictadura liderada por Leopoldo Galtieri, el responsable de mandar pibes a la Guerra de Malvinas, empezaba su retirada. Estallaba el rock nacional, se perdía el miedo de andar con el pelo largo en la calle y Carlos Bilardo se perfilaba como el sucesor del Flaco.
Hay por ahí fotos de Menotti saludando a Galtieri. Fue en Mar del Plata. El seleccionado se preparaba para revalidar el título en España y Galtieri quería aprovechar al fútbol como pantalla. El militar llegó en helicóptero al entrenamiento del plantel, se aseguró a la prensa y acometió con saludo protocolar. Fueron tapa de diarios. Sonrientes. Menotti nunca dejó de pagar aquella factura. “No sabía que venía. ¿Qué podía hacer? ¿Quedarme parado y no saludarlo?”, se justificaría -con razón- Menotti años después.
Menotti fue -tal vez porque el fútbol en Argentina se vive más allá de cualquier razonamiento- el hombre más cuestionado de los tiempos del Proceso. Se apuntó a él y no se cuestionó a otros deportistas que también brillaron en esos 70 y 80. Carlos Monzón, Carlos Reutemann, Guillermo Vilas. Ni hablar de Juan Manuel Fangio, aún cuestionado por su rol en la Mercedes Benz, la empresa alemana que le dio un título honorífico en los tiempos en que desaparecieron empleados que protestaban por sus condiciones laborales.
La revista Humor lo caricaturizó como el “Menotti de Hoz”, en alusión al ministro de Economía Martínez de Hoz. El diario Crónica lo tildó de “mentiroso”, la revista Siete Días publicó que el “derrumbe es definitivo” sobre su proceso previo al Mundial y los periodistas José Luis Ponsico y Juan Gasparini publicaron en 1983 un libro titulado El director técnico del Proceso. El año pasado, el periodista Ezequiel Fernández Moores recordó que Ponsico le dio “una mirada acaso más equilibrada” y que describió a Menotti como “un maestro del surf”. La declaración se lee en Menotti - El primero - Historia del técnico que refundó a la Selección. Libro espectacular en el que Fernández Moores da cátedra de periodismo mediante un perfil del entrenador en el que cuenta sus claros y sus oscuros.
Es imposible hablar de un único Menotti. Porque el Flaco (Rosario, 5 de noviembre de 1938-Buenos Aires, 5 de mayo de 2024) nunca se refugió en el silencio. No había nacido para agachar la cabeza. Alimentó polémicas, enfrentó a quienes lo cuestionaron y justificó sus actitudes. Defendió a los jugadores de aquel plantel, a quienes también se intentó minimizar por el título en tiempos de asesinatos. Recién 30 años después pudo haber reconciliación cuando los organismos de Derechos Humanos y ellos pudieron juntarse en un partido simbólico en el Monumental. Se llamó "La otra final" y participaron algunos de los integrantes de ese plantel junto a Madres de Plaza de Mayo. “Jamás voy a acusar a los otrora jóvenes porque su pasión era esa, el fútbol. Y fueron seleccionados. Lo que sí me importa muchísimo es en qué piensan hoy esos jugadores enterados de todo”, diría Taty Almeida.
Menotti era ya el entrenador del seleccionado cuando la dictadura irrumpió en el poder avalada por parte de la sociedad que incluía empresarios, sindicalistas, políticos y hasta la Iglesia. Fue el primero en imponer un proyecto de trabajo serio después del papelón en el Mundial de Alemania ‘74. Amagó con renunciar cuando los clubes le negaban jugadores e incumplían, así, con su palabra de apoyar a la Selección. Ganó la pulseada. Fue terco cuando tuvo que serlo.
En el 82, cuando fue reemplazado por Carlos Bilardo, Menotti dijo que a Julio Grondona -ya presidente de la AFA- lo había presionado la dictadura para que lo eche. Y adujo que le apuntaban por haber firmado solicitadas en las que se pedía por los desaparecidos. Esto también lo detalla Fernández Moores en su libro.
“Es probable que haya sido permeable a veces a aceptar algunos diálogos con algunos tipos y que no lo debería haber hecho. Eso me jode mucho. Después de que terminó el Mundial, todos se abrazaban y se subieron al carro de los vencedores. Cuando llegó la democracia, se bajaron del carro. Pero eran los mismos”, se leerá mucho tiempo después a un Menotti reflexivo citado en otro libro: el monumental 78 - Historia oral del Mundial, exhaustiva investigación del periodista Matías Bauso sobre aquellos años oscuros.
“No reclamo un reconocimiento por el éxito, sino por el equipo. No jugaron por los premios, sino para la gente, porque son de ahí, del barrio, de la esquina. Estos jugadores son parte de una generación maldita, hubo mucha infamia, una crueldad espantosa, cuando este equipo fue pura generosidad”, defendió el Flaco a sus muchachos. Porque además de ser un gran DT, fue un defensor de esos futbolistas que quedaron manchados injustamente por la historia. El tiempo puso las cosas en su lugar.



















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