SE EVAPORA LA CLASE MEDIA
Para muchas familias, mantener los estándares de consumo dejó de ser un tema de planificación y pasó a depender del crédito.
Ser de clase media en Argentina puede significar estándares de consumo bastante diferentes. Un estudio reveló la amplia heterogeneidad de este estrato social: dentro de la misma categoría conviven hogares que necesitan 2,4 millones de pesos por mes para sostener su nivel de vida y otros que requieren más de 11 millones; casi cinco veces más. En términos prácticos, hablar de una única clase media ya no es preciso. El deterioro, en cambio, aparece como un rasgo transversal.
Durante décadas, Argentina hizo de su clase media una marca identitaria: un rasgo distintivo frente a otras sociedades latinoamericanas más polarizadas, con minorías muy ricas y mayorías excluidas. Sin embargo, ese entramado social comenzó a resquebrajarse en los últimos años, casi sin distinguir el signo político de los gobiernos. La combinación de empleos cada vez más inestables y salarios que corren sistemáticamente por detrás de la inflación fue erosionando los ingresos y las expectativas de movilidad ascendente. Tanto la gestión de Mauricio Macri —que llegó a calificar como una “ficción” la posibilidad de que amplios sectores trabajadores accedieran a vacaciones o a la compra de electrodomésticos— como la de Alberto Fernández terminaron empujando a los asalariados hacia la pobreza.
El gobierno de Javier Milei no desentona con la dinámica regresiva que atraviesa la clase media desde hace años; por el contrario, la profundiza. Se aceleró la destrucción de puestos formales en el sector privado y la sustitución por modalidades más frágiles como el monotributo y el trabajo en plataformas, cada vez más difundidos. La precarización avanza al mismo ritmo que se retrae el salario real. Los ingresos disponibles de los hogares se achican por el doble impacto del congelamiento salarial y de los aumentos en servicios públicos, cuotas de educación privada y medicina prepaga, que aumentan por encima del IPC.
A ese cuadro se suma un factor cada vez más determinante: el endeudamiento para sostener el consumo corriente, incluso en rubros básicos como supermercados. La expansión de las compras en cuotas con tarjeta empezó a mostrar un deterioro significativo en los niveles de morosidad. Para muchos sectores de la clase media, mantener los estándares de consumo dejó de ser una cuestión de planificación y pasó a depender del crédito.
De allí, que el informe de la consultora Focus Market rescate una característica esencial de esta clase social: su heterogeneidad. No es lo mismo pertenecer a la clase media baja, que a la media-media o al a clase media alta, según destaca el informe. Las canastas de consumo y la capacidad de generar ahorros, entre otros rasgos, difieren sensiblemente entre un estrato y el otro. Puesto en números, según la consultora el nivel de ingreso necesario para ser considerado clase media baja es de 2.461.628 pesos, mientras que el consumo y ahorro de la clase media-media alcanza unos 5.700.903 pesos y el de la clase media alta llega a 11.615.218.
Según este estudio, en la clase media baja los gastos en alimentos y vivienda explican el 50 por ciento del total, “incluso bajo supuestos moderados: un departamento de dos ambientes en Zona Sur, expensas básicas y un equipamiento tecnológico mínimo (un Smart TV y dos celulares de gama media baja)”. En tanto, el rubro salud aparece en cero porque dependen del sistema público, y en transporte, aun con un automóvil, predomina el uso de colectivo, tren y subte para la movilidad. No tienen capacidad de ahorro.
La clase media-media, en cambio, tiene una canasta de consumo más diversa y exigente. Educación y salud crecen con fuerza ya que los hijos asisten a un colegio semiprivado, y el hogar cuenta con obra social sindical o una prepaga de costo medio, supone el estudio. Vivienda, tecnología y recreación también ganan peso, mostrando un estilo de vida donde se busca confort, conectividad y cierta vida cultural. Los niños pueden hacer una actividad extracurricular, y la familia planifica vacaciones anuales en la costa argentina. Y destinan entre un 5 y 10 por ciento de sus ingresos para ahorro.
Por último, en la clase media alta el salto se produce en casi todos los rubros. La educación es completamente privada, la salud se cubre con planes más completos y costosos, la movilidad diaria requiere dos autos, la vivienda es más amplia o con mejor ubicación y la tecnología del hogar es de gama superior. La recreación incluye actividades extracurriculares varias y un viaje al exterior al menos una vez al año para toda la familia. Se trata del único segmento con capacidad estable de ahorro o inversión (de entre 15 a 20 por ciento del ingreso), incluso con un nivel de vida mucho más demandante.
“Hablar de “clase media” en Argentina siempre fue hablar de un actor central. Es el segmento que sostiene el consumo, empuja la movilidad social y transmite valores asociados al esfuerzo, la educación y el progreso. Sin embargo, en los últimos años esa categoría dejó de describir una realidad única: hoy reúne modos de vida, oportunidades y niveles de ingreso que se parecen cada vez menos entre sí”, concluyó Damián Di Pace Director de la consultora Focus Market.



















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